Bristol vs. Sur, las playas de los contrastes Desde lo popular hasta lo selecto, dos lugares emblemáticos de Mar del Plata


Bristol vs. Sur, las playas de los contrastes

Desde lo popular hasta lo selecto, dos lugares emblemáticos de Mar del Plata ofrecen diferencias de estilos, precios y costumbres. Por Mauricio Giambartolomei

Viernes 14 de enero de 2011 | 01:09 (actualizado a las 08:10)

 

Por Mauricio Giambartolomei
Enviado especial
mgiambartolomei@lanacion.com.ar
En Twitter: @mgiambar

Bristol vs. Sur, las playas de los contrastes

MAR DEL PLATA- Con una enorme bandeja de paja sobre la cabeza, como si fuera un gorro, la chica camina por la playa. “Chipa calentitoooo!”, ofrece. Tiene competencia con el señor del canasto de las bolas de fraile. Los niños pasan corriendo entre las sombrillas y esterillas; levantan arena y molestan a los grandes. Cuando el sol estuvo a pleno casi no se podía avanzar por la arena por la multitud que aprovechó el día radiante y se volcó a la Bristol.

La música de un imitador de Antonio Ríos ya se escucha en la rambla entre los dos lobos y la gente comienza a rodearlo, a él y a otros artistas. También se va llenando la feria que está a metros de la playa donde se venden lentes, gorras, zapatillas de suela ancha, anillos, juguetes, ropa. A unos doce kilómetros del centro de la ciudad el atardecer va llegando. El chiringo instalado sobre un deck marrón oscuro, con sillones blancos, techo de paja, mesas y sillas, se llena de jóvenes que realizan movimientos espasmódicos. Llevan gafas, collares, mallas de diseño, las mujeres usan pareos en la cintura o colgados alrededor del cuello y accesorios de las marcas de moda. Bailan música dance con un trago en mano y el sol detrás que cae. “Acá está la movida eh. A la noche, antorchas y se pone”, anticipa un musculoso. Músculos y cuidado estético, una marca registrada de las playas del sur.

La Bristol, o Popular, y varios de los balnearios ubicados después del Faro marcan el contraste más notorio de una Mar del Plata que puede recibir a turistas de toda clase social. De norte a sur se pueden encontrar playas con diferentes características. La Perla y Punta Mogotes tienen un entorno familiar; en Varese se combina con la juventud y en Playa Grande comienzan a notarse las diferencias que explotan varios kilómetros más adelante. Desde el cuidado por el cuerpo, los detalles de vestimenta y las costumbre de la gente hasta los precios de carpas y sombrillas, alimentos y tranquilidad.

Video: playas de contrastes en Mar del Plata

Sur, ¿paredón y después? Los balnearios son exclusivos y en todos se puede ver a modelos o artistas, cuando no alguna radio que transmite en vivo sus programas desde allí. Los paradores son los más elegidos por las marcas de autos, bebidas y telefonía celular para promocionar sus productos. Esta zona ofrece un paisaje diferente al del resto de la costa porque antes de llegar a la playa un enorme bosque se combina con la arena y los médanos. Alquilar una carpa por día cuesta 250 pesos y la quincena de enero entre 2500 y 2700 pesos. Las sombrillas son más baratas: entre 2000 y 2100 pesos.

Pagar estos valores tiene su beneficio porque el cliente puede acceder a las múltiples actividades y servicios del balneario. Juegos de recreación para los chicos, vestuarios y baños, piletas con reposeras y tranquilidad. Claro que hay niños que salpican arena aunque hay más espacio como para relajarse y leer el diario o un libro. En la “movida”, como dijo el musculoso, también se ve mucha cirugía, botox y silicona en señoras cincuentonas con bikinis que hacen un gran esfuerzo para mostrarse más jóvenes y estar en la misma onda del lugar.

Fuera de la zona exclusiva la gente está apretada, pero el cuidado estético se mantiene inalterable. Las chicas con sus mallas chiquitas, vinchas y lentes; los chicos, trabados, como para que los bíceps se noten más. Esta es la generalidad, pero también hay personas despreocupadas por sus rollitos y su apariencia.

En la playa pública se pueden comprar licuados de fruta por 10 pesos, ensalada de frutas a 13 pesos, choclo a 8 pesos y un pancho a 10. Los precios son más caros si se consume en el restaurante de un balneario. Allí un almuerzo completo no baja de los 40 pesos aunque se puede comer algo rápido, como una hamburguesa y gaseosa, por 24 pesos. En detalle: rabas, 40 pesos; ensaladas, 35; sándwiches especiales, 33; milanesa, 22 y lomo 28. Ocho pesos cuesta la gaseosa y 7 el agua.

“Hola chicos. ¿Van a bailar hoy? ¿Les dejo entradas para El Divino?”, dice una chica camuflada detrás de sus enormes lentes. Cuando cae la tarde la tropa de tarjeteros aparece en masa mientras el chiringo se va poblando. “Acá vienen después de las cinco o seis porque los chicos salen de noche y se despiertan a cualquier hora. Se pone, sí. El lugar tiene onda y a los pibes les gusta”, asegura el encargado del lugar.

Playa para todos. Los seis minutos en las camas elásticas cuestan cuatro pesos. Los chicos saltan, dan vueltas y hacen piruetas. Detrás un hombre puso un cartel apoyado sobre una figura de un cocodrilo que hizo en la arena: “Arte callejero, colabore con los artistas”. Las señoras mayores de 50 años se preocupan poco por su aspecto y no abandonan el mate y las facturas para pasar la tarde desparramadas en la reposera.

Aquí los diseños no son un problema. La vestimenta para ir a la playa bien podría estar en venta en una feria americana de San Telmo. Muchos hombres con camisas a cuadritos, chombas, short escoceses y ojotas. Las mujeres esconden sus kilitos de bajo de mallas de una sola pieza. Los adolescentes tienen otro estilo: jeans y camisa, bermudas largas, gorra y zapatillas.

En la playa más popular de Mar del Plata también se alquilan carpas y sombrillas. “Nosotros abrimos hace dos años y estamos haciendo una clientela de a poco, con precios accesibles”, explica Julio, el concesionario de un balneario. Allí una carpa por día sale 75 pesos y una sombrilla, 60. Por mes el costo es de 1800 pesos y 1440.

La mayoría de las personas que eligen esta playa es por comodidad ya que se encuentra cerca del centro donde la mayoría de los turistas alquilan departamentos o se hospedan en hoteles. Después de la jornada de sol pueden dar un paseo por la peatonal San Martín, la feria o los artistas callejeros que cantan sobre la rambla. Nunca me faltés, de Antonio Ríos, los temas de Nino Bravo y los de Gilda son los hits.

Cuando miles de turistas y marplatenses terminan su día de sol se ve la postal indeseada de la Bristol. Los restos de comida, botellas, bolsas, pañales y papeles desparramados por toda la playa hacen del lugar un basural.

fuente: diario la capital

 

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