Clásico renovado Mar del Plata premiumInversiones inmobiliarias, paradores vip y deportes exclusivos le dan un “upgrade” al balneario más popular de la costa.


 

Por Marina Abiuso (Desde Mar delPlata)

Actividades Las playas del Sur son las más buscadas por el target ABC 1. La mayoría ofrecen tranquilidad, piscina y buen nivel gourmet. El parador de Arenabeach. La náutica y la pesca embarcada, actividades top en el mar.
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Sí, Mar del Plata es tierra de heladeritas portátiles y de sándwiches en la arena. Pero esa postal popular es apenas una cara de la ciudad. Restaurantes de categoría, nuevos edificios, hoteles y paradores VIP conforman un circuito que les disputa turistas de alto poder adquisitivo a destinos como Punta del Este y Cariló. Lejos de la foto con los lobos marinos, Mar del Plata vuelve a sus aristocráticos orígenes.

Dónde dormir. No hace falta hospedarse en un cinco estrellas: gimnasio, spa, piletas y sauna son detalles que no faltan en ninguna de las nuevas construcciones. Sobre el Boulevard Marítimo y en la zona de Playa Grande, la ciudad tuvo su boom inmobiliario: edificios de entre 8 y 10 pisos agrupan a inversores, habitantes locales y pasajeros VIP que prefieren la intimidad de un departamento antes que un hotel. Dumbledore, Turvillon y Vista de Playa son las nuevas construcciones emblemáticas y se cotizan en unos US$ 4.000 el metro cuadrado. “Los proyectos de mejoramiento en la zona y la relicitación de los balnearios generaron un nuevo interés”, explica Eduardo Leitao, uno de los referentes inmobiliarios de la ciudad. “Hay un perfil de comprador que piensa en estos departamentos como inversión y los alquila durante todo el verano”. En una ciudad con alta concentración de actores, son la alternativa perfecta para Araceli González, Guillermo Francella y Raúl Taibo. Alquileres de al menos US$ 12.000 la temporada los mantienen a resguardo. “Equipados con todo tipo de amenities, la vedette de esta alternativa inmobiliaria sigue siendo la vigilancia cerrada. El dólar congelado y la situación financiera en los Estados Unidos hacen que los precios puedan equipararse a los de Miami”, asegura Leitao.

Para los que prefieren el confort del hotel, los grandes complejos lucen reformados. El viejo Hotel Provincial hoy es parte de la cadena NH y ofrece pileta en la playa, sala de relax y spa. También reformado, el Hermitage sigue siendo una alternativa para viajeros clásicos que quieran garantizarse discreción y roce en un lobby transitado por Daniel Scioli varias veces durante la temporada. La oferta de lujo la completan el Costa Galana y el Hotel Sheraton, aunque los hoteles boutique se imponen como una novedad: ya son cinco con reservas completas.

Hay que venir al sur. A ningún top se le puede ocurrir mostrarse en la Bristol: las playas del sur son pasarela de la moda del verano. Si La Reserva tiene privacidad, paisajes y clima familiar, Mute Club de Mar es paraíso para solteros que rondan los 30. “El estilo está inspirado en Saint Tropez y la cultura pin up”, asegura en el parador Uriel Casamiquela, PR del lugar. Ubicada en el paraje Alfar sobre la Ruta 11, la distancia ayuda a que no sea terreno adolescente. Su principal atractivo es, sin duda, la extensión de una playa a la que se puede llegar en 4 x 4 y que nunca se colma. Camastros en la arena y respetuosa distancia combaten la clásica imagen de una Mar del Plata abarrotada de sombrillas.

Más lejos, Manantiales es un clásico que no pierde vigencia. El Club de Mar tiene apenas 220 carpas que se cotizan a 270 pesos por día. En la arena, tres bares de playa ofrecen una variada propuesta gastronómica: ñoquis al fruto de mar (40 pesos) y brótola al roquefort (46 pesos) son alternativas sofisticadas en el deck. Los privilegiados pueden llegar caminando: apenas nueve cabañas se ubican a pasos del mar. A 9000 pesos la semana, se reservan para enero con casi un año de anticipación.

 

fuente: Revista Perfil

Temporada 2011 Mar del Plata a pleno y vaticinan temporada récord


 

Varese, una de las playas más elegida

Desde la Secretaría de Turismo bonaerense remarcan la notable afluencia de visitantes en esta primera semana de enero. Para Scioli “este verano es una revelación”

El secretario de Turismo, Ignacio Crotto, aseguró que se observa “un gran movimiento turístico” en Mar Del Plata, y por la cantidad de gente que hay en esta ciudad se puede adelantar que “están dadas las condiciones para que sea una temporada exitosa”.

Este sábado acompañó al gobernador Daniel Scioli en un acto realizado en el astillero Contessi donde se rodujo la primer botadura del año.

La gran cantidad de visitantes se observa en los restaurantes, pub, bares, teatros y calles de la ciudad, donde el público debe aguardar para tener un lugar, lo mismo que está pasando con algunos espectáculos.

Ignacio Crotto, Secretario de Turismo bonaerense expresó a Télam “desde la noche del viernes se ha notado notablemente el movimiento turístico que se generó en la ciudad. Las filas en los restaurantes, bares, la cantidad de vehículos que circulan por las calles de la ciudad y las colas para poder entrar a ver los espectáculos teatrales demuestran que esta temporada será exitosa”.

“En la primer semana del año se vio parte de este movimiento de gente que se irá incrementando a medida que pasen los días y se renueven las quincenas”, sostuvo.

Crotto apuntó que “esta va a ser una temporada récord respecto al verano pasado”, al tiempo que expresó su deseo de “superar el porcentaje de visitantes con respecto al año anterior”.

El funcionario destacó las políticas públicas en materia de seguridad que el gobernador Daniel Scioli y el gobierno nacional llevan a cabo en la costa atlántica.

En ese sentido dijo que el objetivo es que “sea un verano seguro, que cuando el turista vuelva a su casa lo haga contento, descansado y que haya disfrutado de sus vacaciones sin haber tenido ningún inconveniente, es impagable y por eso seguiremos trabajando en ello durante todo el año”.

A su turno, el gobernador Daniel Scioli declaró que “este verano es una revelación en toda la costa atlántica” en alusión a los miles de turistas que eligieron la costa bonaerense para pasar sus vacaciones.

El mandatario resaltó que “una temporada así, con un gran movimiento turístico, genera reactivación de las economías locales lo que es muy alentador para todos los sectores”.

Scioli se refirió a la gran cantidad de turismo extranjero que se observa en la costa atlántica y en ese sentido consideró que “cada una de las ciudades balnearias de la costa fue muy bien promocionada”.

La costa atlántica, dijo, “hoy también capta a turistas de la Península Ibérica como a compatriotas de distintas partes de los países que integran el Mercosur. Eso es bueno porque mostramos el atractivo, las ofertas turísticas y las bondades de cada una de las ciudades costeras”.

fuente: puntonoticias.com

RECUPERAN LAS PLAYAS DE LOS ACANTILADOS Y CRECEN LOS BARRIOS DEL SUR


Sur, paredón y después

Después de La Serena, camino a Miramar, están los últimos barrios marplatenses donde crecen las construcciones de chalets. Allí van los turistas que buscan más descanso que lujo, playas limpias, cabalgatas y parapente.

Por Emilio Ruchansky

Desde Mar del Plata

Lejos del centro marplatense, pasando el faro y la reserva natural que bordea la costa, en la Ruta 11 que va a Miramar se abre un claro. De un lado está el mar, las dunas y los acantilados, del otro la llanura que fue poblándose en los últimos cuarenta años. La Serena es el primer barrio de este rincón, el único que tiene calles asfaltadas y comisaría. Más adelante, está San Patricio y luego San Carlos, donde pastan las vacas y merodean las jaurías. Allí, se ven muchas obras en construcción y algunos chalets, cuya edad solo puede calcularse por la altura de los árboles, sean pinos, eucaliptos o cipreses lambercianos, una especie traída por José Farat, un inmigrante sirio, pionero en la forestación de la zona. Durante las vacaciones, la zona sur se puebla de turistas y de marplatenses que, si no alquilan sus casas de fin de semana, las aprovechan. Hay pocos almacenes y están lejos. Entre San Patricio y Costa Azul, por ejemplo, hay uno solo, sobre la calle 5, por la que pasa el único colectivo que llega hasta aquí, el 511. Por eso, cada tanto anda un camión que ofrece verduras por los altavoces y hasta no hace mucho, todas las mañanas pasaba el carro de Don Luro, el lechero, que tiene tambo en los fondos, donde abundan las quintas que proveen frutas y verduras a la ciudad.

Entre los matorrales hay lauchas, sapos, liebres y comadrejas. También se ve una variada cantidad de pájaros: chingolitos, calandrias, horneros, chimangos, tijeretas, palomones, perdices, pechitos colorados, colibríes, renegridos, teros, benteveos, lechuzas y, más alto, las gaviotas que cada tarde vuelan al mar. “Por ahora es todo campo, si llega mucha gente como en La Serena o San Patricio, me voy”, dice Martín Serenelli, un guardavida marplatense, amante del surf, que se estableció hace 10 años en San Carlos, con su esposa y sus dos hijos.

La casita donde vive la construyó su abuelo, Don Mateo, en la calle 475, entre 7 y 9, a principios de los ’80, justo al lado de uno de los chalets más antiguos, el de Gerónimo Carabelli, que había llegado 10 años antes. Este albañil, oriundo de Morón, compró dos lotes, los rodeó con pinos y construyó, de a piezas, la casa que ocupa parte del frente del terreno. Por el aislamiento mismo de esa época, esa casa tiene un tanque que colecta agua de lluvia, cocina a leña y salamandra, objeto común de muchas de las primeras casas de San Carlos, Costa Azul y Los Acantilados.

“Este lugar estuvo mucho tiempo descuidado por las autoridades, creció porque la gente de acá ama la naturaleza y muchos que tenían su chalet para veranear o hacerse una escapada, se vinieron a vivir. Los turistas que alquilan en temporada no buscan lujo, sino un buen descanso”, dice Héctor Rodríguez, un vecino que heredó la inmobiliaria que fundó su padre en el ’67. “En esa época, el acantilado estaba cubierto por médanos gigantescos y se podía bajar a la playa a caballo”, recuerda.

A diferencia de San Carlos, donde los ranchos prosperaron y se transformaron en chalets, Los Acantilados tiene una historia ligada al jet-set y a los turistas más ricos, que solían alojarse en algunas de las 35 habitaciones del hotel Castillo, de cinco estrellas (hoy con cartel de alquiler) en la esquina de 24 y 3. La construcción es una réplica de un castillo de la Siria natal de José Farat y Rodríguez asegura que, en su esplendor, allá por los ’50, “los camareros de guante blanco caminaban por el médano y bajaban hasta el mar para llevar copas de champagne a los huéspedes”.

Del sirio Farat también era el terreno en el que está el lujoso Golf Club de Los Acantilados, al fondo de la calle principal, la 3. Sobre ese camino asfaltado están las casas más caras, con alquileres que trepan a seis mil pesos por quincena. “Claro que también se puede conseguir algo por tres mil pesos y menos todavía si es en San Carlos”, aclara Rodríguez. El lugar conserva su valor, dice, aunque tenga poca playa después de que en 1971 “un temporal que fue como un tsunami” borró las construcciones de hormigón de varios balnearios de la costa. A fines de los ’80, se construyó un ascensor para poder bajar a la playa desde los acantilados. Aunque está fuera de servicio, soportó temporales como el del ’97. Con los años, las playas del lugar, propiedad de la familia Peralta Ramos, fueron perdiendo terreno ante el mar, al punto de que ya no hay servicios de carpas. Las bajadas a la playa son comidas constantemente por el mar, al igual que los balnearios y muchos restaurantes, que deben ser reconstruidos casi todos los años antes de la temporada.

Sobre las rocas del acantilado crece el berro y se esconden las palomas. Las piedras que el mar le arranca terminan incrustadas en la arena. Son un reservorio de ostras y musgos, con huecos donde se posan piedras y caracoles; por eso, cada mañana pasan los artesanos recogiendo lo que allí deja la marea. Por momentos, se ven restos de autos carcomidos por el mar, que delatan el lado B de esos acantilados, escenario de suicidios y de crímenes.

Y durante todo el año, al borde de los acantilados, cientos de parejas locales estacionan sus autos para pasar una noche romántica.

Según calcula María Esther Fernández, presidenta de la Sociedad de Fomento de Los Acantilados, entre ese barrio y San Carlos viven 200 familias. “Lo que me sorprende de estos últimos años es que se construya tanto, toda gente de Capital Federal, del conurbano bonaerense y de Mar del Plata que se hace su casa de verano”, dice. Las atracciones turísticas, agrega, siguen siendo las playas por lo limpias que están pero también las cabalgatas o volar en parapente desde los acantilados.

“Yo valoro sobre todo el verde y la tranquilidad”, dice Fernández, que vivía en el centro de Mar del Plata y se mudó a los barrios del sur por su trabajo. Año a año, ella ve cómo muchos marplatenses se refugian allí durante el verano, cuando se sienten invadidos por los turistas. “Este lugar es un caso especial”, asegura.

 

fuente: pagina 12.com.ar

Vacaciones: la costa atlántica le ganó este verano a Chile


Algunas estimaciones indican que la demanda de pasajes hacia el este creció 20% este verano. También aumentó la cantidad de vehículos que pasan por Desaguadero.Y son menos los que cruzan la cordillera.
El mar sigue siendo uno de los destinos que más atrae al espíritu de montaña del mendocino que decide salir de vacaciones. Si bien la costa chilena lo recibió durante muchos años casi a la vuelta de la esquina, este año la tendencia marcó rumbo este y muchos mendocinos han elegido el mar argentino. El cambio poco conveniente con el país vecino, el temor a los temblores y la demora para realizar los trámites migratorios son los condicionantes.

De manera estimativa se calcula que hay 20% de aumento en la demanda de pasajes y alojamiento, y hasta en alguna empresa de turismo se habla de un alza de 100% en la venta de paquetes.

Consultadas las fronteras, Horcones y Desaguadero, confirman las estimaciones. Por el paso a Chile, en los primeros días del año pasaron alrededor de 13% menos vehículos con respecto al año pasado, sin poder determinarse con exactitud cuántos pasajeros trasladaba cada uno o si los colectivos llevaban más asientos desocupados.

Por Desaguadero, este año se nota mayor salida de vehículos particulares y colectivos. En este último caso, sale un promedio de 15 unidades por día, de los cuales la mayor parte va hacia la costa argentina y el resto a Brasil.

Tanto a través de las agencias como si uno busca alquilar algún inmueble encontrará que las reservas a orillas del Atlántico están prácticamente completas todo enero y parte de febrero. A la inversa, para Chile hay disponibilidad en las agencias y puede conseguirse una variada oferta de alquileres. Los años anteriores, Viña del Mar a esta altura estaba copada.

La terminal de colectivos de Mendoza despide diariamente alrededor de 20 unidades que se dirigen a la costa argentina, un 20% más que en 2010. Pero sorprendentemente, allí notifican un incremento similar en los buses que parten hacia Chile.

La cercanía con el país vecino siempre fue una buena razón para cruzar la cordillera, pero este año el cambio no es favorable, por cada mil pesos chilenos habrá que desembolsar 9 pesos argentinos.

A esto se suman otros factores. Hasta Mar del Plata hay 1.400 km y si bien para llegar a Viña del Mar hay que andar sólo 400, la demora en la aduana incrementa el tiempo de viaje. En días de recambio se puede llegar a esperar alrededor de cinco o seis horas, aunque puede ser menos si se arriba a Horcones a la noche. Viajar a Chile además implica realizar trámites previos que para muchos resultan tediosos y pesa al momento de decidir.

El temor a los temblores también inclinó la balanza, muchos prefirieron viajar más kilómetros pero pasar sus vacaciones en un suelo más firme. Un mendocino incluso señó en Chile y luego, “pensándolo mejor”, decidió partir en dirección opuesta.

Mejor economizar

Las empresas de turismo son testigos a diario de cómo los mendocinos que deciden tomarse unos días de descanso han preferido este año quedarse en la costa argentina. Luego de un vistazo a la exhausta billetera, la mayoría concluye que sólo puede acceder a los servicios más económicos y generalmente financiados, especialmente empleados y familias.

De hecho, si bien hay unanimidad al afirmar el aumento de la demanda hacia el Atlántico en una empresa que ofrece un servicio diferencial, en colectivos con más comodidades y que llegan directamente a Mar del Plata han notado una baja de entre 10 y 20%. “Otros años a esta altura teníamos todos los coches completos hasta mitad de mes, este año salen con lugares vacíos”, comentaron desde esta empresa.

“Pero los colectivos más económicos sí están saliendo completos; también mucha gente se ha inclinado por gastar un poco de dinero en dejar su auto en condiciones y viajar en él para abaratar costos”, apuntaron.

En la contratación de paquetes se observa la misma situación: si bien es común que se contrate traslado y estadía, muchos contratan sólo la estadía para irse en su propio vehículo.

Preferencias

Junto al Atlántico, si bien cada vez son más los que eligen playas menos concurridas, la vedette sigue siendo Mar del Plata, seguida de Villa Gesell, Miramar y Necochea. Sitios alternativos de menor envergadura, tales como San Clemente, San Bernardo o Pinamar, ofrecen más tranquilidad, pero también menos opciones de esparcimiento y gastronomía.

“Mar del Plata es única en el mundo porque tiene una oferta inmensa para diferentes presupuestos, hay para los más exquisitos y para los gasoleros, con poca plata la pueden pasar bien”, sostiene Susana de una agencia de turismo. “Los lugares más pequeños son preferidos por las familias con niños pequeños que quieren más tranquilidad y generalmente viajan en su propio vehículo, pero pueden resultar más caros ya que hay menos opciones, no hay paquetes armados y hay menos colectivos”. Aproximadamente el 60% elige “La feliz”.

Un paquete para estos lugares, con traslado, alojamiento por siete noches y media pensión cuesta unos 1.500 pesos en hoteles de dos estrellas y 2.000 pesos en los de tres. Los interesados se han repartido por partes iguales entre estas dos opciones.

Para ir a Viña del Mar en las mismas condiciones hay que pensar en 1.700 y 2.200 pesos, aproximadamente.

Fuente: http://www.cadenaaero.info/noticias/11392

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