Posteado por: rodrimdq | 22 julio 2014

El teatro independiente y los centros culturales, en su época de apogeo


En los últimos años, Mar del Plata fue testigo del crecimiento y la apertura de diferentes centros culturales que brindan un excelente espacio para las más diversas manifestaciones artísticas. Paso a paso han logrado alcanzar grandes objetivos y el reconocimiento, tanto a nivel local, como nacional.

Séptimo Fuego tiene una de las seis bibliotecas teatrales del país.

 

 

Julia Van Gool

Mar del Plata es reconocida a nivel nacional por su actividad teatral. En la última década del siglo XIX y comienzos del XX las manifestaciones teatrales en la ciudad han comenzado a tomar renombre en espacios como el Salón Garibaldi (1894), el Teatro Odeón (1910) y el Teatro Colón. Con el correr de los años la fuerza de las producciones comenzaron a incrementarse, como así también la oferta. Paralelamente al crecimiento y desarrollo del circuito del teatro comercial, el teatro independiente u off comenzó a hacerse notar. Presentado como una alternativa diferente al de las grandes compañías que montaban sus obras en la ciudad balnearia, las salas de teatro off comenzaban a nuclear un grupos de artistas decididos a involucrarse con un teatro que se alejara de las grandes marquesinas esplendorosas de las obras capitalinas.

Pero no fue hasta estos últimos años que el teatro independiente y los diferentes centros culturales de la ciudad comenzaron su apogeo. Gracias a la ordenanza Nº 16733, los centros culturales han podido brindarles a sus proyectos un marco de legalidad acorde a sus objetivos y posibilidades, logrando la habilitación de muchas salas independientes en la ciudad. Viviana Ruiz, una de las directoras del Séptimo Fuego, cuenta que Mar del Plata es una de las primeras ciudades que obtuvo la habilitación. “Hasta entonces nos reglamentaban con las ordenanzas que regían a los teatros comerciales, lo cual nos perjudicaba”, explica. Además, José Luis Britos, actor, director e integrante junto a Freddy Virgolini, Rossie Álvarez y Pablo Marchini del centro cultural Cuatro Elementos, expresa la motivación que significó esta ordenanza, dado que incentivó a la mejora y la creación de espacios más adecuados y equipados para la formación artística de la ciudad. “Esta ordenanza ha materializado una lucha histórica de los teatristas de la ciudad y es el resultado de una ola de cambios que se han experimentado en los últimos años”, argumenta.

En tanto, Marcelo Cañete, actor , director y encargado de la sala Arturo Jauretche del Teatro La Bancaria, cuenta que en la actualidad hay un cambio enorme en la comunidad teatral. “Hace menos de un año logramos tener la Comedia Musical de Mar del Plata gracias al secretario de cultura Leandro Laserna y estamos teniendo más salas, se están abriendo más centros culturales, cada vez somos más. Porque también tenemos la alegría de que salen grupos de la Escuela de Arte Dramático”, dice.

El crecimiento no sólo fue en materia de espacio, sino también en participación. “El espacio creció y el teatro en general. Ahora todos formamos parte de los festivales regionales tenemos una fuerte presencia. Dentro de la provincia de Buenos Aires estamos en uno de los municipios que más hace por el teatro”, asegura Paula Esteve, una de las socias de El Club del Teatro.

Además la comunidad teatral de la ciudad se encuentra en la lucha para la creación de un Consejo Municipal del Teatro Independiente, a través del cual se definirán políticas públicas para promover la actividad en nuestra ciudad, así como la creación de un fondo específico para apoyo de proyectos.

Los comienzos

Como todo proyecto, nace de un sueño y del deseo de cubrir necesidades no satisfechas hasta el momento. Viviana recuerda que “los inicios fueron muy duros en cuanto a gestar público, que la gente supiera que había otro corredor en Mar del Plata que no tenía que ver con lo comercial”. Y agrega: “esto se fue dando también a partir de una intensa relación entre las salas independientes”.

A su vez, Paula Esteve cuenta que El Club del Teatro comenzó con la búsqueda de un lugar donde poder ensayar tranquilos. “Todos soñamos con tener un lugar para ensayar sin tener que recurrir a un lugar y que te den una horita y con esa horita no haces nada”, recuerda.

Pero luego de conseguir el lugar y abrir sus puertas para que colegas puedan utilizar el espacio, se dieron cuenta del tesoro que poseían en sus manos y decidieron compartir un poco la magia del teatro con la sociedad. Hoy por hoy, al igual que espacios reconocidos de la ciudad como el Centro Cultural Osvaldo Soriano, ente Descentralizado de la Municipalidad, el espacio La Bicicleta y la Alianza Francesa, presentan a la sociedad una gran variedad de obras para todos los gustos y edades.

Apuesta pedagógica

Además de la presentación de obras y exposiciones de artes, entre otras manifestaciones artísticas, los centros culturales ofrecen una importante cantidad de talleres y cursos de formación actoral. Viviana Ruíz nos cuenta que actualmente en el Séptimo Fuego poseen una matrícula de 200 alumnos en el área pedagógica. Presentan talleres muy diversos, como lo son los de danza contemporánea y tango, como así también la Escuela de Formación Actoral con una duración de tres años. Cuatro elementos tiene también una fuerte apuesta pedagógica orientada a la formación, mechándolo con clases de maquillaje, de trabajo de voz y expresión corporal. A su vez presentan talleres para pre-adolescentes y adolescentes, y talleres más lúdicos para los más pequeños.

Difusión y reconocimiento

Si bien el crecimiento del circuito del teatro independiente fue una opinión unánime, muchos hicieron hincapié en diferentes cuestiones que todavía representan un camino por recorrer. La difusión de las diferentes obras o propuestas de los centros culturales siempre representó un obstáculo para los teatros independientes, quienes compiten con las costosas y masivas publicidades de las grandes compañías comerciales. Marcelo Cañete asegura que “siempre estuvimos a la par de las obras de Buenos Aires en cuanto a la calidad”. Pero explica: “Pasa que las obras de Buenos Aires tienen una producción mucho más grande que la nuestra. Nuestra producción se hace al pulmón y en lo que fallamos es el tema de la difusión. La difusión todavía estamos viéndola de qué manera. Gracias a dios existe el Facebook, Twitter y las páginas que hacés en Internet”.

Viviana Ruíz asegura que las complicaciones con la difusión son ciertas, pero van de la mano de la elección de no ingresar en el mercantilismo del teatro, pero al igual que José Luis Britos, opina que es un camino que poco a poco se va a ir construyendo.

En cuanto al reconocimiento del público y del ambiente periodístico muchos han opinado que ha variado y aumentado positivamente. “Hay personas que han abierto su mirada y se han interesado profundamente por lo que hacemos, hay otros que simplemente cumplen y hay otros que nos siguen ninguneando”, expresa Britos.

Por su parte, Ruíz asegura que, hoy por hoy, la gente reconoce un circuito de teatro off y lo busca. “Esto genera un público, tanto con el espectáculo como con la pedagogía”, explica.

Es una realidad que el teatro comercial y el independiente no compiten directamente dado que la oferta de los contenidos resulta muy diferente. De todas maneras, en los últimos años, los públicos se han fusionado y esto se debe a la mejora de la calidad del teatro marplatense. Britos asegura que “la diferencia radica en que el nivel de riesgo artístico es diferente, como así también las búsquedas y los tiempos de exploración”. También un factor importante de cambio es que muchas apuestas del teatro comercial han perdido el interés tradicional por parte del público, sumado a una variable sumamente importante como lo es el valor de la entrada.

El teatro, una forma de vida

A pesar de encontrarnos sumergidos en la vorágine actual resulta placentero, y tranquilizador, saber que todavía existen aquellos deseosos de luchar por la reivindicación del encuentro cara a cara. Un mundo en donde la tecnología y los avances tecnológicos han virtualizado las relaciones y aislado al ser humano, el teatro sigue siendo una alternativa de contacto directo y real.

El teatro para muchos, como Cañete, es una militancia de vida. Su éxito radica en hacer que el espectador se quede con un mensaje y se retire de la sala envuelto en actitud reflexiva dado que en el escenario lo que se aprecia es la vida misma. Es por ello que Paula Esteve asegura que “mientras haya teatro va haber vida y mientras haya vida va a haber teatro”.

Haciendo frente a aquellos presagios que anuncian el fin del teatro, Ruíz asegura que “no va a desaparecer mientras haya personas con necesidad de comunicarse”. “Esta comunión que sucede en el hecho escénico actor- espectador, es lo único que nos hace más humanos. No sé si nos hará mejores personas, pero estoy segura de que nos hace más humanos”, agrega.

Siguiendo con esta línea de pensamiento Britos concluye: “Cada vez más necesitamos manifestarnos, cada vez más necesitamos encontrar otros métodos de comunicación que no sean virtuales y en este sentido el teatro viene a cubrir una necesidad desde el juego, para el niño, hasta la necesidad de expresión y comunicación para el adulto. De esta manera, poder rescatar y revitalizar lo profundo que es el encuentro entre las personas. No hay virtualidad que pueda superar lo que significa el encuentro entre dos personas. Por eso estoy convencido de que el teatro seguirá viviendo”.

 

Fuente: diario la capital

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