Hipotecarios: la clase media necesita ingresos cada vez más altos para poder cambiar de vivienda o dejar de alquilar


25/06/2013

Para pagar un préstamo a diez años se requiere de un salario que escapa a las posibilidades de la gran cantidad de particulares que forman parte de este segmento. La brecha “cuota-alquiler” se eleva hasta cinco veces. ¿Cuánto se paga por cada $100.000 solicitados a 10 años?
Por Rubén Ramallo – Mariano Jaimovich
Última actualización:

25/06/2013 3:06:43 pm
La facilidad para la compra de una nueva vivienda o para acceder al “techo propio” es, sin dudas, otro de los puntos centrales a tener en cuenta en la discusión sobre si estos últimos años constituyeron una década ganada o perdida.Al menos en este punto, los datos que arroja la realidad no son muy alentadores. Las escasas alternativas para financiar una nueva unidad hacen que éstas se alejen cada vez más del bolsillo de los argentinos.

A la dificultad que para algunos implica el recambio, se suma el problema de la cantidad de gente que debe resignarse a alquilar.

Un ejemplo sencillo permite visualizar cómo esta situación se ha ido agravando en el tiempo.

Según informa Reporte Inmobiliario, hoy el precio promedio del metro cuadrado ronda losu$s2.077.

Si se considera un departamento tipo (65 metros cuadrados), el monto a desembolsar alcanza los u$s135.000 que, expresado en pesos supera levemente el millón de pesos, con un tipo de cambio a $8,10.

Si se considera que, en general, los bancos prestan hasta el 50%, el valor a financiar se acerca a los $553.000. Una cifra que -comparada con el salario promedio- permite entender por qué los créditos hipotecarios están estancados.

Es que para financiar un préstamo de este tipo a 10 años se requiere que el ingreso del grupo familiar ronde los $46.000 mensuales.

¿Por qué tanto? Porque con el nivel de tasas (TNA) y costo financiero total (CFT) que cobran los bancos, el pago mensual promedio se eleva a los $13.500. Y si se considera la relación “cuota-ingreso” del 30%, este último debe ubicarse en los $46.000 mencionados.

Según informa el Régimen de Transparencia que publica el Banco Central, en el segmento de tasa fija, la nominal anual (T.N.A.) va del 18,9% (Banco Hipotecario) al 27% (BBVA Francés).

No obstante, debe tenerse en cuenta que a este porcentual se le debe sumar otra serie de gastos que son los que terminan conformando el CFT, que es el que define el valor por mes a pagar en concepto de cancelación del préstamo.

De acuerdo con el BCRA, este costo financiero total puede adicionar entre 6 y 10 puntos a la tasa nominal.

Así, quienes pidan un hipotecario en el BBVA deberán enfrentar un interés total no menor al 34%.

De este modo, los montos mensuales a pagar por cada $100.000 solicitados a tasa fija hoy día son los siguientes:

En el caso de aquellas entidades que ofrecen líneas a tasa variable, lo más relevante es que elBanco Nación es el que presenta la mejor alternativa.

En la práctica, una diferencia de cinco puntos porcentuales entre el costo más barato y el más caro, se traduce en unos $1.100 adicionales que deben afrontarse en cada una de las cuotas mensuales.

Así, quienes hayan accedido a la opción más barata terminarán pagando un 40% menos.

Y, a lo largo de todo el período de cancelación, se ahorrarían un total de $130.000. En buen romance, nada menos que la cuarta parte del monto solicitado.

Uno de los referentes es el Banco Ciudad, que ocupa el segundo lugar en créditos hipotecarios en el total del sistema financiero argentino.

Respecto a la situación actual de estas líneas, Jorge Velazquez, vocero de la entidad, señala: “Somos el único banco que mantiene la oferta de tasa fija a 20 años. Sin embargo, la Ley ´Conti´, por la que se le quitaron los depósitos judiciales al banco público porteño, obligó a restringir esta línea sólo a los clientes con dos años mínimo de antigüedad“.

A esto agregó que “tras el cepo cambiario, que dificultó la operatoria de compraventa de inmuebles, se registró una caída del 50% en los préstamos de este tipo”.

¿Comprar o alquilar?
Esta pregunta fue una de las clásicas disyuntivas que enfrentaron los argentinos a lo largo de varias décadas.

Sin tener que ir muy atrás en el tiempo, apenas cinco años, la distancia entre una y otra posibilidad era más estrecha.

Considerando el departamento de 65 metros cuadrados tomado como referencia:

• En 2008, su valor era de u$s89.000, el dólar rondaba los $3,20 y las tasas de interés no superaban el 12%.
• Así, la cuota promedio para financiar el 50% a 10 años ascendía a $2.300.
• El costo de alquilar, según Reporte Inmobiliario, se ubicaba en los $1.800.
• Es decir que la cuota era apenas un 27% superior a la renta mensual.

Hoy, la brecha entre la cuota del hipotecario ($13.800) y el alquiler -que ronda los $2.800- es nada menos que de 5 veces.

En resumen, actualmente se necesitan 5 alquileres para poder hacer frente al pago mensualque implica un crédito hipotecario que permita financiar el 50% de un departamento de 65 metros cuadrados, cuyo precio de mercado oscile en los 135.000 dólares.

En 2008, para adquirir el mismo bien, la cuota a pagar no se alejaba tanto de la renta mensual, siendo la relación “cuota/alquiler” de 1,3.

“Pretender tener créditos a largo plazo baratos y en pesos con una inflación del 25% es una utopía, ya que no hay ningún incentivo para que los bancos decidan hacerlo, en un escenario tan volátil como el actual”, afirma Federico Muñoz, director de la consultora que lleva su nombre.

Este economista subraya, además, la ausencia de un indicador que pueda ser utilizado comoreferencia de indexación por las entidades financieras.

Es decir, desde el punto de vista operativo, “hoy tampoco se cuenta con un indexador confiable para ajustar las cuotas de los créditos, tal como existe en otros países, como por ejemplo en Uruguay o en Chile”, agrega Muñoz.

En su visión, la ausencia de créditos hipotecarios accesibles es “un resultado lógico y natural de la degradación de la situación económica argentina” y del cortoplacismo reinante en la política económica.

“Es impensado que puedan otorgarse préstamos a tasas razonables en este contexto del país”, concluye Muñoz.

Para otro analista, Andrés Méndez, director de AMF Economía, “el costo del fondeo es alto en lo nominal, porque debe ir en línea con la inflación”.

Al igual que su colega, considera que es la elevada suba de precios la que condena al sistema, porque el financiamiento está supeditado a los depósitos y éstos a la tasa de interés.

El otro aspecto que encarece notoriamente la cuota es el elevado precio de las propiedades, lo que obliga al interesado a tener que pedir más dinero para poder llegar a este bien.

En este punto, cabe señalar dos cuestiones.

La primera tiene que ver con lo sucedido tras el cepo: al comenzar a valuarse las propiedadesen términos de dólar blue, se requiere de una mayor cantidad de pesos, ya sea en mano u obtenidos vía préstamos.

La segunda, con el valor del metro cuadrado. Pese al derrumbe en el nivel de operaciones (del orden del 40%) las cotizaciones se muestran reticentes a la baja.

De acuerdo con un relevamiento privado que toma en cuenta los valores de venta publicados en el último año, el precio promedio del m2 en la Ciudad de Buenos Aires acumuló un alza del 1,8% en dólares.

“Es evidente que la relación con el salario es desventajosa ya que el valor del metro cuadrado subió mucho en términos de blue”, puntualiza Méndez.

Y agrega que “para los bancos hoy día los hipotecarios no son un negocio atractivo, porque les es mucho más conveniente otorgar créditos personales a corto plazo y a tasas del 40%”.

Según Muñoz, “un factor adicional que desalienta esta operatoria es que las entidades financieras ganaron mucha plata con otros productos, como los créditos al consumo, y no tienen estímulos para volcarse a otros segmentos”.

Por su parte, para Méndez “el sistema no es viable en este momento porque la barrera inicial es muy alta. A ello se adiciona el precio más costoso de las propiedades”.

Al respecto, Velazquez alerta: “Inclusive, habiendo el Banco Ciudad aumentado los montos máximos a otorgar en sus créditos (en pesos), hoy hay más de 1.500 familias con préstamos aprobados en la entidad que no consiguen propiedad”.

“Ahora hay mucha diferencia entre lo que se paga por la cuota de un hipotecario y un alquiler. Las locaciones son más baratas también porque hay más oferta de propiedades”, recalca Méndez.

Según el experto, hay un estímulo mayor para rentar que para comprar.

“Se da el situación perversa: propiedad cara y alquiler barato. Vamos hacia un país de eternos inquilinos. Está todo desbalanceado y por ahora no se ven soluciones en el horizonte”, sostiene Méndez.

“Se dan 30.000 créditos hipotecarios anuales, de los cuales no todos son para una primera vivienda. Y, por otro lado, se crean 250.000 nuevas familias al año. Esto indica que existe un déficit habitacional creciente”, añade.

Por lo pronto, en el debate sobre si esta década debe considerarse ganada o perdida, la situación que se observa en lo que hace a préstamos para la vivienda no es, precisamente, algo que pueda tomar el kirchnerismo a su favor.

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¿Sabe usted quién debe pagar la hipoteca en caso de divorcio?


Especialistas explicaron a iProfesional.com cómo es la situación en la Argentina. Cuál es la importancia del momento en que se adquiere el bien y cómo influye la forma de darle fin al vínculo

Por Gonzalo Chicote – Sebastián AlbornosiProfesional.com

¿Sabe usted quién debe pagar la hipoteca en caso de divorcio?

En una pareja, todo se construye de a dos. Y, mientras el amor reine, es común pensar en casamiento, en una linda fiesta, en adquirir una vivienda, tener hijos… En fin, construir una vida y envejecer juntos.

No obstante, a veces, las cosas pueden tomar otra tonalidad y lo que era “color de rosa” puede cambiar de tonalidad en caso de un divorcio.

La pregunta que surge, casi inmediatamente, es qué sucederá con los chicos. Pero también nacen dudas respecto de qué pasarán con los bienes adquiridos. Y más incertidumbre se creará si existen otras circunstancias, como ser, qué sucede si los cónyuges están pagando un crédito hipotecario, es decir, quién se hace cargo de las cuotas que faltan para cancelar el préstamo.

En España, por ejemplo, existía una controversia al respecto, hasta que un reciente fallo puso fin al asunto y determinó que el pago de las cuotas de la hipoteca contratada por ambos cónyuges para adquirir la vivienda familiar constituye una deuda de la sociedad ganancial y no una carga del matrimonio, por lo que en caso de divorcio deberán ser abonadas por partes iguales.

Ahora bien, la gran incógnita que se genera es qué sucede en la Argentina.

Consultados al respecto por iProfesional.com, los especialistas explicaron que los pagos de las cuotas de los créditos puede recaer sobre uno u otro cónyuge, e incluso sobre ambos, dependiendo de cuándo se adquiera el bien o de las modalidades del divorcio.

Vale aclarar que en la sociedad conyugal existen dos tipos de bienes: propios y gananciales. Los primeros son aquellos con los que cada uno llega al matrimonio -es decir, todo lo que tenía antes de casarse- y los que adquieran durante el mismo a título gratuito (una donación) o por una causa o título anterior al inicio del vínculo (un juicio laboral, por citar un ejemplo).

En tanto, los gananciales son los que se adquieren durante el matrimonio a título oneroso. Dentro de estos bienes se pueden incluir los sueldos y haberes de ambas partes.

Dime cuándo se adquirió el bien y te diré quién paga
A la hora de analizar la situación, Eduardo Borda, socio del Estudio Cremades & Calvo – Sotelo/Borda puso énfasis en aclarar que todo dependerá del origen de la deuda, es decir, si nació antes o después de consumado el matrimonio.

Si fue antes, el bien se considera propio. Ahora bien, si se pagaron cuotas durante el matrimonio, se suponen que provienen de la sociedad conyugal y, de separarse, la otra parte tendrá un crédito al momento de la división de bienes, equivalente a la mitad del valor abonado durante el vínculo”, resaltó el experto.

Por otro lado, explicó que “si la compra es durante el matrimonio, se presupone que los bienes son gananciales. Por esta razón, las cuotas deberán pagarla ambos cónyuges, aún si el compromiso fue asumido por una de las partes. Si se divorciaran y no se definiera quién se quedará con el inmueble, ambos deberán hacerse cargo de las cuotas del crédito”.

“Así haya sólo un deudor hipotecario, ese bien es de los dos porque se adquiere mientras la sociedad tiene vigencia. Es 50 y 50 y la obligación sigue siendo conjunta”, indicó Borda.

Para graficarlo, el experto propuso el siguiente ejemplo: “si Juan y María sacan un crédito para pagar un departamento que adquieren durante su matrimonio, luego se divorcian y Juan sigue pagando solo la cuota, aunque el departamento es de los dos, Juan puede reclamarle a María el 50% de lo abonado en más (es decir, lo que pagó el solo)”.

Sin embargo, las cosas pueden ser diferentes. Al respecto, Borda sugirió el siguiente ejemplo: “Durante el matrimonio se saca un préstamo hipotecario para adquirir una vivienda. Las cuotas pagadas durante el matrimonio hasta el divorcio se entiende pagadas por ambos, sea quien fuere quien las abonó, pues se presume que los fondos provinieron de la sociedad conyugal. Ahora bien, si luego del divorcio por dos años Juan pagó las cuotas por un monto total de $100.000 y aún se adeudan unos $50.000 del préstamo, al decidir la venta se cancelará primero el préstamo hipotecario, luego Juan podrá solicitar la compensación del 50% que le correspondía abonar a María durante esos dos años y finalmente se dividirán la mitad del saldo de la venta para cada uno. Imaginemos que se vende la propiedad y luego de los gastos propios de la venta queda un saldo de $200.000. Primero, se destinará el valor recibido a cubrir la deuda ($50.000). Después, habría que devolver a Juan la mitad de lo que él pagó después del divorcio y que correspondía a María ($50.000). En este caso, como Juan se hizo cargo del 100% deberá pedir al juez interviniente que se le devuelvan los $50.000 abonados en concepto del porcentaje (50%) de cuotas correspondientes a María. El resto ($100.000) deberá, si, distribuirse entre las dos partes“.

“Lo que hay que tener en cuenta, y es muy importante que así sea, es la fecha de divorcio, momento en el que se disuelve la sociedad conyugal“, remarcó el especialista.

Y concluyó: “Normalmente, se llega a un acuerdo para definir quién se queda con la propiedad y, por ende, quién se hará cargo de las cuotas hipotecarias”.

Con acuerdo o sin acuerdo, esa es la cuestión
Por otra parte, Daniela Darago, socia del estudio Cerutti – Unamuno – Darago, destacó la importancia de las condiciones en que se lleva adelante el fin del vínculo matrimonial, ya sea con mutuo acuerdo o de forma contradictoria.

“En el primero, los cónyuges se presentan conjuntamente y resuelven qué sucederá con los hijos (si los tienen) y con los bienes”, explicó.

“Respecto de los hijos, deberán acordar la cuota alimenticia y el régimen de visitas. En caso de bienes, pactarán quién se quedará con ellos y, en caso de que exista un crédito hipotecario aún pendiente de pago, quién se hará cargo de las cuotas. Acá pueden definir que sean ambos (y en qué proporción) o sólo uno de ellos”, señaló la especialista.

“Ahora bien -continuó la experta-, si existe un divorcio contradictorio es distinto. Acá uno de los cónyuges demandará al otro, para lo cual deberá alegar una causal (que puede ser adulterio, atentado contra su vida o la de sus hijos por parte del otro cónyuge, instigación a cometer un delito, abandono malicioso o injuria)”.

“El juez de la causa deberá decidir, en base a las pruebas presentadas, quién es el responsable del divorcio y le impondrá alguna pena. Una puede ser, justamente, que abone las cuotas del crédito hipotecario. En este caso, el que tiene la última palabra es el juez”, concluyó Darago.

Divorcio, separación e hijos
Lejos de las controversias que se generan al momento de dividir los bienes, existe también dudas a la hora de determinar quiénes deben afrontar las cargas impositivas en el pago anual del Impuesto a las Ganancias, siempre que se trate de parejas divorciadas o separadas.

Andrés Edelstein, socio de PWC, explicó cuáles son las inquietudes en esto casos y cuáles las soluciones propuestas:

¿Qué sucede en caso de divorcio respecto de los bienes, ingresos y ahorros que eran gananciales?
En el caso de disolución de la sociedad conyugal, por separación legal o divorcio, le corresponderá a cada parte el 50% de los beneficios y/o bienes gananciales.Y en función de ello tributará cada cónyuge por su parte. Esto es lo que se conoce como la separación judicial de bienes.

¿Qué sucede en el caso de una separación de hecho?
Si no existe una separación judicial de los bienes, las ganancias producidas por los mismos deberán seguir siendo declaradas por el marido.

¿Cuál es el tratamiento fiscal en caso de convivencia? ¿Y para las uniones de hecho acreditadas ante un juzgado?
La sociedad conyugal se configura con el matrimonio. Consecuentemente, en las situaciones antes descriptas, cada cónyuge declarará sus ganancias considerando que no existe tal vínculo.

¿Cuál de los cónyuges puede deducirse en su declaración jurada de Ganancias a los hijos tratándose de casados, separados, divorciados, solteros y concubinos?
La Ley del Impuesto a las Ganancias indica que la deducción puede ser efectuada por el cónyuge que tenga el hijo a su cargo. En el caso de matrimonios legalmente constituidos, la deducción pueden efectuarla ambos.

fuente: iprofesional.com

Sin una moneda de calidad, no habrá crédito bancario.


Sin una moneda de calidad, no habrá crédito bancario

Alejandro M. Estrada
Para LA NACION

En la Argentina, el crédito bancario tiene una bajísima relación con el valor de la producción, aproximadamente el 12 por ciento del producto bruto interno (PBI), relación excepcional a nivel mundial.

Ese bajísimo nivel de crédito al sector privado es una de las razones por la cual la crisis financiera internacional tuvo poco efecto en nuestro país. Claro está que el costo del bajo crédito significa menos casas, menos inversión en el sector privado, altos impuestos, etcétera.

Ahora bien, tanto la política como las corporaciones empresarias saben de sus malas consecuencias y pretenden resolverlas, ya sea con la creación de bancos estatales como con las acciones que pueda adoptar el Banco Central de la República Argentina (BCRA).

En una palabra, el criterio es que lo que los bancos no ofrecen lo puede ofrecer el Estado (pese a la existencia de la banca pública). Por lo tanto, una estatización directa o indirecta de la intermediación financiera sería la respuesta a la falta de crédito al sector privado.

Esta solución es una de las tantas “supersticiones” económicas de la clase dirigente argentina. También es posponer un tratamiento racional de un tema que puede afectar poder y dinero.

El primer requerimiento para que exista crédito bancario es que antes haya ahorro bancario. Las instituciones financieras son “intermediarias” entre el ahorro y el crédito. Pero sin ahorro financiero no puede haber crédito financiero; aquí y en el mundo entero, ahora y siempre.

El enfoque del problema es entonces determinar la razón del bajo ahorro financiero local, lo cual supone saber por qué el ahorrista tiene ese comportamiento.

Básicamente, los argentinos no consideramos al peso como reserva de valor de mediano y largo plazo. La alta inflación, las tasas negativas de interés, las expropiaciones, etc. son antecedentes que expulsan el ahorro financiero en pesos argentinos. No tenemos dinero propio “confiable”; por lo tanto, no habrá crédito en nuestra moneda.

Ante la larga historia de la baja calidad del dinero local, los ahorristas, tanto las personas físicas como las empresas, han cambiado su moneda dejando los pesos como moneda transaccional, y el dólar o el euro, como reserva de valor y unidad de cuenta. Prácticamente todas las grandes transacciones se hacen y valúan en moneda extranjera, específicamente el dólar estadounidense. El segmento más relevante y frecuente es el inmobiliario.

Quiere decir entonces que conviven dos monedas, una local, sujeta a todo tipo de riesgos jurídicos fácticos, y otra, el dólar, que mitiga esos mismos riesgos.

De todo esto se deduce que el Estado debe poner primero su atención en el sistema monetario y luego en las regulaciones crediticias. Los créditos con tasas subsidiadas en pesos no son la solución, muy poco para muchos o mucho para muy pocos.

Subsidios y corrupción

Las distorsiones económicas de largo plazo y la corrupción asociada a los subsidios ya son por todos conocidas.

Uno de los problemas por resolver es el hecho de no aceptar que estamos “en el mundo” y que las “supersticiones” sin competitividad del sector privado nos llevan a aumentar la pobreza relativa.

La situación internacional explica nuestro actual crecimiento, (bajísimas tasas de interés con precios de las materias primas duplicados respecto de la década pasada) e impide ver los problemas que estamos acumulando: inflación, alto costo del capital, rigideces laborales, aumento de la pobreza, etcétera.

No habrá crédito bancario si no existe un dinero local de alta calidad. Este es el debate de fondo.

La dolarización general, y especialmente del mercado de capitales, deja de lado los pesos estimulando el reclamo devaluacionista.

El peso, por su debilidad intrínseca, crea todas las condiciones para elevar el costo del capital.

Ante esta realidad, la estatización de la banca o las acciones más directas del Banco Central para crear más crédito podrán lograr muy poco.

La cuestión de fondo es recrear el vetusto sistema monetario argentino, proveyendo a la sociedad calidad en su función de reserva de valor y unidad de cuenta.

El autor es director ejecutivodel Banco Privado

Fuente: La nacion.com

Cuotas hipotecarias, a más del doble que los alquileres


Cuotas hipotecarias, a más del doble que los alquileres

08:30|Pasar de inquilino a dueño, cada vez más difícil. El crédito mensual para comprar un departamento ya es de entre un 110% y 170% más caro que lo que se paga para alquilarlo. En 2009, sólo el 6,3% de la ventas en la Ciudad involucraron hipotecas.

Por: Pablo Novillo

La posibilidad de comprar un departamento para algunos más que un sueño es una quimera. De la mano de tasas hipotecarias de dos dígitos y una inflación que deja sin aliento a los bolsillos, para un inquilino hoy es muy difícil acceder al techo propio. Es que las cuotas de los créditos, incluso de los mejores, cuestan no menos del doble de lo que se paga un alquiler.

Para entender, un ejemplo. Si se considera que la renta anual de un alquiler es del orden del 6%, para un departamento de 80.000 dólares (un tres ambientes usado), el alquiler sería de $ 1.552.

¿Qué pasaría si el inquilino quisiera sacar un crédito para comprar esa misma unidad? En primer lugar, el banco le prestaría únicamente el 70% del total (56.000 dólares), con lo cual debería contar aparte con otros 24.000 dólares, algo nada sencillo si se tiene en cuenta que la moneda americana está a $ 3,88 y con expectativa de subir hacia fin de año.

Suponiendo que tuviera ese dinero ahorrado o alguien se lo prestara, para financiar el resto del dinero, con un préstamo a 15 años, se encontraría con un panorama igual de difícil. Si pidiera un crédito con tasa combinada en el Banco Ciudad, uno de los que mejores planes tiene, pagaría una cuota inicial de $ 3.291 más gastos. Es decir, un 112% por encima del monto del alquiler. Estos números fueron calculados en base a la información publicada en Internet por el propio Banco.

En cambio, si buscara en el Banco Hipotecario (y también de acuerdo a los números que figuran en la web de esa institución), la cuota para ese mismo préstamo sería de $ 4.189 más gastos, o sea un 170% por encima del alquiler. Claro que para ello debería demostrar ingresos familiares superiores a $ 13.000 (al menos, para el Hipotecario). Y si aún así pudiera concretar la operación, habría que sumarle desde lo que se paga en impuestos y escrituración hasta los eventuales gastos para acondicionar el departamento. Claramente, una posibilidad para pocos.

¿Por qué es tan difícil pasar de inquilino a dueño? “En la medida de que no tengamos crédito de un 8% ó 9% de tasa y sigamos con los actuales, que rondan los 19% a 22%, será muy complicado que la situación cambie”, aseguró Néstor Walenten, presidente de la Cámara Inmobiliaria Argentina. Por lo pronto, aquel promocionado plan del Gobierno por el cual se pensaba otorgar créditos a la misma cuota que lo que costaba un alquiler definitivamente fracasó, y tampoco parecen haber tenido éxito los préstamos subsidiados con los fondos de la ANSES.

Así, el año pasado apenas el 6,3% de las escrituras firmadas en la Ciudad de Buenos Aires se concretó mediante una hipoteca, cuando en 2001, último año de la convertibilidad, habían representado el 25,5%.

“En los años del 1 a 1, por un departamento de 40.000 pesos/dólares se pagaban uno 400 de alquiler, pero se conseguía una cuota hipotecaria de unos 500. Esa proporción hoy es impensable”, explicó José Rozados, de la consultora Reporte Inmobiliaria.

Ahora, mientras los préstamos parecen inalcanzables, ¿qué pasa con los alquileres? Tras la salida de la convertibilidad, y como se vendían muchas propiedades, subieron al ritmo del aumento de los departamentos en venta. Pero el año pasado, al frenarse la compraventa, muchos dueños de inmuebles, antes de bajarles el precio para conseguir compradores, prefirieron esperar y ponerlos momentáneamente en alquiler. Al haber más oferta, los alquileres al menos dejaron de subir. “Hoy tenemos un 45% más de departamentos en alquiler que hace un año. Así, los alquileres se amesetaron, aunque ahora, por efecto de la inflación, es posible que tengan una ligera suba”, comentó Walenten. “No hay que olvidar que la renta para el dueño de un alquiler es de un 6% bruto, lo que no es para nada alto”, agregó Rozados.

Pero los inquilinos igual se sienten ahorcados. “Pese a que está prohibida la indexación, los dueños suelen pedir que al comienzo del segundo año del contrato se pague entre un 15% y un 20% más. Por otra parte, los inquilinos se hacen cargo de las expensas, que también subieron”, aseguró el presidente interino de la Unión Argentina de Inquilinos, Leonardo Santos.

fuente: diario clarin

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