Una recorrida por la geografía de la Argentina y su gente El derecho y el revés del país


Una recorrida por la geografía de la Argentina y su gente El derecho y el revés del país

Guillermo Oliveto
Para LA NACION

Lunes 25 de octubre de 2010 | Publicado en edición impresa

El derecho y el revés del país

A veces hay cosas que, precisamente por su acotado tamaño, tienen una enorme grandeza. Los recuerdos de la infancia suelen estar entre ellas.

Viene hoy a mi mente un pequeño ciclo televisivo con formato poco habitual que de chico veía en aquella televisión de apenas cuatro canales. Se llamaba El país que no miramos y mostraba tesoros ocultos, cosas que estaban ahí pero que, de tan cercanas, no éramos capaces de ver. Por ejemplo, cúpulas de viejos edificios que habían sido realizadas por famosísimos arquitectos o esculturas de enorme valor artístico que, sin que lo advirtiéramos, enaltecían el paisaje ciudadano. Todo eso estaba ahí, pero para nosotros no existía. El programa nos recordaba la importancia de ejercitar la mirada. Veinte años después, el 14 de octubre pasado, El Roto publicó en el diario El País de España uno de sus tantos chistes que más que hacerte reír te dejan pensando. Se ve la imagen de la cara de un hombre muy de cerca. Apenas un cuarto de su rostro, que muestra uno de sus ojos y lleva gafas. Dice el autor: “¡Qué curioso! Cada vez resulta más difícil ver lo que está a la vista”.

Hoy ya no hay cuatro canales en la tele, sino cientos. Y cientos de radios. Y decenas de diarios y revistas, en formato impreso y digital. Y blogs. Y portales. Y redes sociales. La información brota de las paredes. Sin embargo, más no es necesariamente mejor. ¿Qué vemos cuando vemos? ¿Qué entendemos? ¿Qué pensamos? ¿Qué decimos?

La revista de los domingos de LA NACION publicó en mayo un memorable artículo de tapa que instaló un nuevo término en el lenguaje: “infoxicados”. Estamos intoxicados de información. Hay tanta, y tan disímil, que cuesta mucho asimilarla, procesarla y juzgarla con algún criterio razonable. Umberto Eco, considerado una de las mentes más brillantes del siglo XX, comparó Internet con un mítico personaje creado por Jorge Luis Borges, Funes el memorioso: “Hoy Internet es como el Funes de Borges. Una totalidad de contenidos no filtrada ni organizada. Funes recuerda todo y por esta misma razón es un idiota completo, un hombre inmovilizado por su incapacidad para seleccionar y descartar”.

Como en varias de sus obras, Borges fue profético. En la era de la “infoxicación” se vuelve imprescindible desarrollar nuestra capacidad para seleccionar qué guardamos en los archivos de nuestra mente y qué dejamos pasar.

Este año, mi agenda de actividades me llevó a realizar una intensiva inserción en la Argentina 2010. Recorrí más de 30 ciudades en apenas seis meses. A varias de ellas fui más de una vez. En promedio, cinco ciudades diferentes por mes, más de una por semana. Además, naturalmente, continué con mis actividades en la ciudad de Buenos Aires, donde vivo actualmente, y el Gran Buenos Aires, donde nací y viví hasta los 25 años.

En mi propio “tour del Bicentenario” estuve en San Salvador de Jujuy, Salta, San Miguel de Tucumán, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, Formosa, Resistencia, Posadas, Corrientes, Santa Fe, Paraná, Rosario, Córdoba (capital), Río Cuarto, San Luis, San Juan, Mendoza (capital), San Martín, Junín, Rivadavia, Tupungato, San Rafael, General Alvear, La Plata, Quilmes, Mar del Plata, Bahía Blanca, Villa La Angostura, Neuquén, Comodoro Rivadavia y Ushuaia. Viajé en avión, pero también, muchas veces, en auto. Recorrí autopistas, autovías, rutas, caminos. Caminé. Hablé con todos los que pude. Decenas de empresarios, algunos grandes, la gran mayoría pequeños o medianos. Canillitas, remiseros, taxistas, mozos, periodistas. Gente de la cultura. Algunos intendentes. Funcionarios públicos. Responsables de organizaciones público-privadas. Estudiantes, emprendedores, historiadores, lugareños. Miré. Saqué fotos de las cosas que me llamaban la atención. Respiré el clima de cada lugar. Procuré sentir su vibración. Fueron más de 60.000 kilómetros de andar, 7000 de ellos por tierra. ¿Qué vi?

Vi los cargados limoneros de Tucumán. Y las cañas de azúcar en Jujuy listas para la zafra. Los olivares de Catamarca y La Rioja que ya producen en plenitud. Caminé entre los emblemáticos viñedos de Mendoza, que son un orgullo nacional. Vi las escuelas y los centros de salud que se construyeron en Formosa. Y la nueva costanera de Corrientes. Y la soja -nuestro “oro verde”- en Santa Fe, pero también en Santiago y en tantas otras partes. El movimiento comercial renovado en San Juan, consecuencia, en parte, del desarrollo de la minería y también de la vitivinicultura. Las míticas autopistas de San Luis. Sí, están ahí con sus torres de iluminación pintadas de todos los colores. Y vi la sorprendente exposición de arte al aire libre en Resistencia, donde además prometen terminar en breve un gran centro cultural. Se ve que falta poco. Ahí está la obra. Y recorrí esa maravilla que es el Museo Nacional de Bellas Artes de Neuquén (única filial del Museo Nacional de Bellas Artes). Vi a los turistas en Villa La Angostura y Ushuaia. Comprobé la fuerza económica que genera el petróleo en Comodoro.

Escuché hablar inglés y portugués por doquier, especialmente en Buenos Aires. Una Buenos Aires donde brilla la cultura, con una cartelera artística y una propuesta de entretenimiento top ten mundial. Y donde los restaurantes, las pizzerías, los bodegones y las parrillas han dejado bien atrás el frío invierno de 2009. Hoy, otra vez, en los lugares más renombrados hay que reservar con anticipación. En los polos gastronómicos de “Lomitas”, en el sur del Gran Buenos Aires, o en la avenida Santa Rosa, de Castelar, tampoco es fácil conseguir lugar un sábado por la noche. Vi la revolución de la construcción que comenzó en Buenos Aires y se expandió a Rosario, Córdoba y Río Cuarto. Lo llaman “el ladrillo-soja”. Y ese mismo germen de la inversión inmobiliaria incipiente ya está en Mar del Plata. “La Feliz”, año tras año recupera su tradicional esplendor. Al igual que buena parte de la costa atlántica. Vi una Bahía Blanca renovada (hacía un par de años que no iba). Y las madereras de Posadas funcionando.

Pude verificar en muchos lugares cómo la reforma de viejos hoteles los había transformado en nuevos establecimientos aptos para el turismo internacional. Y también el desarrollo de una nueva infraestructura turística de primer nivel en otras tantas ciudades, como por ejemplo Mendoza, y también, aunque en menor escala, Paraná. Sentí la estimulante potencia de Salta. Vi la gran mayoría de las ciudades atestadas de autos y, especialmente, de motos de baja cilindrada. Aquí nomás, en La Plata, en Quilmes, Morón o San Justo, también. Visité locales de supermercados, shoppings y cadenas de farmacias. Varios recién estrenados. En todos ellos había mucha gente comprando. Vi decenas de barrios nuevos construidos por el Estado, esos donde todas las casas son parecidas. “Eso era campo, ahí no había nada”, me decía la gente del lugar. Un intendente me contó lo que le dijo una señora mayor cuando la recibió: “Se cumplió el sueño de toda mi vida. Yo sólo quería sentarme y ver llover por la ventana”. Y también vi múltiples desarrollos de barrios cerrados y countries.

Recorrí nuevas autovías y crucé nuevos puentes, transité por avenidas ensanchadas, caminé por veredas arregladas, disfruté plazas puestas a nuevo. Vi las rutas cargadas de camiones. Que iban y venían. Con cereales, muchos cereales. Con autos, muchos autos. Con madera. Con ganado. No tanto como en otras épocas, pero algunos crucé. Leí los diarios del lugar. Tenían una buena cantidad de páginas y avisos. Avisos de shows artísticos nacionales e internacionales de primer nivel en muchas ciudades que anunciaban que por primera vez en muchos años llegaba ese artista al lugar. Vi la obra pública que se ve. Más en algunos lugares que otros, pero se ve. Vi una actividad comercial pujante prácticamente en todos lados. Y el trabajo de mucha gente anónima, que no está en los medios, pero que todos los días se levanta a la mañana para hacer lo que tiene que hacer. Y lo hace.

Lamento profundamente que la lógica binaria que se ha instalado en la opinión pública nos nuble la vista. Esto es algo que también pude comprobar en mi recorrida. Atraviesa, por desgracia, todo el país. Me da mucha tristeza que hablar de lo que anda bien en la Argentina sea mal visto por mucha gente. ¿No es el país en que vivimos? ¿No es el país que les ha permitido a aquellos que tienen una vida razonablemente digna llegar a tenerla? ¿Cómo puede ser que por alegrarnos de algunos de nuestros esfuerzos y aciertos automáticamente se nos excomulgue tildándonos de “K”? ¿Y que ese mote sea equivalente a “vende patria”? ¿No es éste un gobierno que ganó democráticamente las elecciones con un 47% de los votos?

Negar que el país ha crecido 70% en los ocho años que van de la crisis de 2002 a la actualidad -gobiernos de Eduardo Duhalde, Néstor Kirchner y Cristina Kirchner-, que el desempleo bajó del 25% al 8%, que hoy las palabras “trabajo” y “producción” están de nuevo en el centro de la agenda de la gente, que la pobreza se redujo del 55% a cerca de un 25%, que el consumo de alimentos medido en unidades creció un 63% desde 2002 a 2010, que la Argentina tenía al comenzar 2002 una deuda externa que representaba el 162% del producto bruto y que hoy es cerca del 40% del producto, que este año nos visitarán cerca de cinco millones de turistas extranjeros cuando en aquel entonces eran menos de un millón, que se batirá el récord histórico de venta de autos 0 km (630.000 autos) cuando en 2002 se pronosticaba el cierre de casi todas las fábricas, que se superó el “tan temido 2009” con una solidez que pocos auguraban y que, en definitiva, este país está muy lejos de aquel de la crisis terminal que casi nos lleva a la disolución nacional, es querer tapar el sol con la mano. Pasar por alto que todo eso es muy bueno para la Argentina y los argentinos, más allá del gobierno de turno, también.

Del mismo modo, ¿cómo puede ser que señalar lo que debe mejorarse sea un pasaje directo al estigma de “conspirador destituyente”? Negar que aún hay una cuarta parte de la población argentina que la pasa muy mal, que la inflación existe y es alta, que hay incertidumbre entre algunos de los que tienen la capacidad para invertir, que corregir la inequidad en la distribución de los ingresos que se gestó durante 30 años es un desafío enorme, que son muchos los que desean mayor claridad en un proyecto de mediano plazo para el país, y que el miedo y la paranoia no son ninguna sensación y están a flor de piel entre la gente y que eso es muy malo para la Argentina y los argentinos, también es pretender ocultar lo imposible. Todo esto también lo vi y lo sentí, prácticamente, en todos lados.

Falta un año para la próxima elección presidencial. Promete ser un año “largo”, que, por su intensidad, durará más de 12 meses. Tenemos tiempo para pensar. Viendo lo que se ve, pero también lo que no se ve. Aquello que se nos esconde detrás de la vorágine cotidiana y el clima áspero que nos circunda. Ese país que no miramos.

Está ahí. Y funciona. Es perfectible, obviamente, pero anda. La Argentina que hace ocho años estaba devastada se ha puesto de pie. Trabajosamente, arduamente. Y lo hicimos nosotros, cada uno de nosotros.

Ese país que no miramos desea que a quien le toque gobernar, sea quien sea, tenga la capacidad de construir sobre lo construido, y mejorar lo que haya que mejorar, para que toda su potencia florezca de una buena vez. © LA NACION

Los “sojadólares” arremeten con fuerza y buscan refugio en el ladrillo porteño


Buenos Aires, 26 de octubre de 2010

Llueven billetes verdes en el interior del país. Y parte de los que se benefician con importantes ganancias llegan a la Ciudad en busca de una vivienda. Incluso, muchos de ellos, ya apuntan a una segunda unidad. Expertos del mercado revelan cómo es el nuevo desembarco del sector rural en la Capital

Los "sojadólares" arremeten con fuerza y buscan refugio en el ladrillo porteño
El precio de la tonelada ya es récord. Su cotización no para de subir y ya supera los registros de 2008. Incluso, para 2011, ya se prevé otra campaña tan exitosa como la de este año.

Pilar y sustento del modelo económico “k”, capaz de hacer realidad el boom de consumo de los argentinos, la soja dice presente con más fuerza que nunca.

El campo festeja, desde los dueños de las tierras hasta quienes las alquilan, sin olvidarse de los pooles de siembra que, tal como diera cuenta iProfesional.com, se animan a tentar al ahorrista común a invertir en fondos agrícolas, con ganancias proyectadas de hasta un 23% en dólares, sin la necesidad de que éste tenga el mínimo conocimiento de lo que es un cultivo (Ver nota: Cómo subirse al tren de la “super soja” y obtener una ganancia del 23% en dólares).

Llueven dólares sobre los campos argentinos. El problema es que quienes los administran no encuentran muchas opciones para canalizar parte de ese dinero en una alternativa de ahorro que los satisfaga.

Poco pueden esperar del plazo fijo. Y guardar los billetes en el colchón hoy no es un gran negocio.

Es así como se da un “revival” de algo que ya fuera un clásico de otros años: tomar parte de los “sojadólares”, venir a la Ciudad y volcarlos al ladrillo como refugio de valor. Pero ahora con más ímpetu.

Comprar una vivienda en la Capital o sumarse a un emprendimiento inmobiliario, para ir pagando una unidad en cuotas, siempre les ha resultado tentador.

En definitiva, para quienes buscan diversificar su patrimonio nunca está de más contar con una propiedad, ya sea para obtener una renta o bien para asegurarles a sus hijos un techo, el día que tengan que venir a la Ciudad a estudiar una carrera.

“Los ingresos de divisas que se generarán por la soja son muy elevados y ya han sembrado fuertes expectativas en los desarrolladores inmobiliarios“, explica Germán Gómez Picasso, director de Reporte Inmobiliario.

En el mismo sentido opina Juan José Madero, gerente de la División Campos de LJ Ramos.

“Hay una tendencia muy clara y definida en relación a sus preferencias. Lo que hace normalmente el productor es fijar su atención en lo que sabe, o en aquellos activos que puede ver y tocar“, comenta Madero.

El directivo de LJ Ramos señala que es muy difícil que opte por inversiones financieras en la bolsa que puedan resultarle demasiado volátiles y complejas. Y es por eso que el Real Estate se constituye en el principal destino de sus ahorros.

“Mas allá de reinvertir en el campo, o en maquinarias, siempre se mostraron atraídos por el ladrillo. Ahora se está notando más y este movimiento será aún mayor en la próxima campaña“, destaca Madero.

También Alejandra Covello, directora de Covello Propiedades, confirma este fuerte avance de los “sojadólares” y aporta un nuevo dato: “Muchos de ellos ya tienen su departamento en Capital. Al haber cumplido con ese objetivo, ahora han regresado para fijarse cuáles son los mejores inmuebles como alternativa de inversión. Se está dando el fenómeno de la segunda vivienda“.

Lugar, precio y amenities
Según el inmueble elegido, sea para uso personal o como inversión destinada a la renta, varían las preferencias.

1- Uso personal o familiar
En este caso, la demanda se centra cada vez más en unidades de mayor calidad, con buena ubicación y lujosas, en línea con el fenómeno de segunda vivienda comentado por la experta de Covello Propiedades.

“Hay una búsqueda permanente de amenities, buena infraestructura y tecnología. No se conforman con propiedades básicas, sino con productos más bien modernos”, argumenta.

“En general tratan de buscar un buen lugar para cuando deciden venirse a la Ciudad a pasar unos días. Y quienes llegan del interior con dinero para invertir en ladrillos superan ampliamente la presencia de inversores extranjeros“, apunta Federico Andreoti, gerente de Tizado Puerto Madero.

En la misma línea que sus colegas, Roberto Ledo, director de Bullrich, reconoce una gran participación del sector rural en la compra de inmuebles: “Claramente eligen las zonas más Premium, desde Puerto Madero y Recoleta, hasta Barrio Norte o Palermo”.

“El mercado inmobiliario está captando gran parte de los desembolsos. Y esto quedó en evidencia desde el blanqueo de capitales, que mostró que el 90% del dinero fue destinado al ladrillo”, afirma Ledo.

2 – Uso como inversión
Cuando la propiedad es adquirida como inversión, las exigencias son diferentes.

En este caso, se apunta a unidades más chicas, en barrios con buenos accesos, donde los precios de un alquiler puedan pagarse con facilidad.

“Los empresarios del sector agropecuario que buscan viviendas para destinarlas a la renta miran lugares que cuenten con diversidad de transportes públicos y con facilidad de llegada a las casas de estudio”, sostiene Mariano Bellagamba, director de Bellagamba Marketing Inmobiliario.

Apuntan a unidades de dos o tres ambientes y, en cuanto a las zonas, si bien Palermo es la más buscada, muchas veces, por menos dólares, consiguen inmuebles igual de atractivos en Almagro, Villa Crespo o Caballito, donde pagan menos el metro cuadrado y obtienen prácticamente la misma renta.

El interior también suma ladrillos
Además de elegir la Capital Federal como núcleo de las actividades inmobiliarias, el buen rendimiento de las cosechas y las expectativas del sector agropecuario permitieron que el negocio se extienda a otras regiones.

Hoy hay ejes económicos como Rosario, Córdoba y Mendoza que, gracias a la soja están mostrando un repunte fenomenal“, destaca Covello.

El crecimiento se da por partida doble:

  • Por un lado, gracias a que muchos desarrolladores inmobiliarios dejaron de apuntar exclusivamente a Buenos Aires y ahora están proyectando, o ejecutando, proyectos de calidad en las ciudades del interior.
  • Por otro, porque los empresarios agropecuarios miran con mayor interés la posibilidad de diversificar sus inversiones en su zona de residencia, dado que ven que estos proyectos de calidad, que se están desarrollando, también le garantizan un buen resguardo del capital.

Jorge González, presidente de la desarrolladora Baresa, explica que una decisión que se tomó en los últimos tiempos fue, en lugar de esperar que los productores vengan a la Ciudad, también ir dónde ellos están.

“Muchas desarrolladoras estamos trabajando en zonas agrícolas-ganaderas, donde cada vez se construyen más edificios y la gente los elige como inversión”, apunta González.

En este sentido, una obra de primer nivel fue lanzada hace pocos meses por los desarrolladores Fernández Prieto & Asociados en Puerto Norte, Rosario.

Se trata de MAUI, un complejo dos torres de 44 pisos cada una compuesta por viviendas, hotelería, oficinas y un “Club de Agua”.

Según Rodrigo Fernández Prieto, la inversión inicial asciende a los u$s50 millones y el valor del m2 en la fase de preventa ronda los 2.200 dólares promedio.

En San Nicolás, a pocos kilómetros de Rosario, se encuentra en construcción Altos Los Arroyos, un conjunto edilicio de 12.864 m² de alta calidad y avanzada tecnología, compuesto de tres edificios de planta baja y nueve pisos, uno central retirado de la línea de frente y dos laterales.

“Se trata de un fideicomiso al costo. El primer edificio estará terminado en 18 meses, son unidades de 1 a 3 dormitorios con dependencias. El público comprador se compone en un 50% por gente del campo y la otra mitad por empresas de servicios. El valor del m2 ronda los u$s1.580 hoy y el precio final será del orden de los 2.000 dólares”, comenta Darío López, socio de Arquitectónica, firma que desarrolla el emprendimiento.

Ser dueño de la habitación de un hotel
Otra opción que están eligiendo muchos inversores agropecuarios son los condo-hotel.

En el caso de Baresa, la compañía realiza un importante proyecto en Tandil.

Se trata de un negocio que tiene un gran atractivo turístico y que ha recibido grandes desembolsos del sector agrario que busca ampliar su cartera de inversiones, siempre ligada a bienes tangibles.

La idea es que el comprador adquiera el título de propiedad de una habitación, por la cual recibe una renta mensual.

Otra obra similar está siendo realizada por LJ Ramos junto con Dypsa y la cadena Howard Johnson en Venado Tuerto, una zona muy rica para los productores.

El proyecto consiste en la construcción de un hotel bajo el nombre de la cadena Howard Johnson, que será levantado por Dypsa y comercializado por LJ Ramos y que permite comprar una unidad funcional.

Es decir, el interesado, que puede ser desde un pequeño ahorrista a un gran inversor, elige una habitación del hotel y se le otorga un título de propiedad como el de cualquier inmueble.

Al mismo tiempo, como parte de la compra, recibe un proporcional de las áreas comunes del mismo (spa, salón de usos múltiples, restaurantes y cafetería). Para ser propietario de una unidad el dinero requerido se ubica entre los u$s90 mil y 120 mil dólares.

De acuerdo a las investigaciones realizadas por LJ Ramos, se puede obtener una renta del 10 al 14 por ciento anual en dólares.

Adiós a los extranjeros
La llegada de los inversores agropecuarios se dio en un momento en que los extranjeros se han ausentado del mercado. “Hay pocos compradores del exterior”, apunta Ledo.

En este sentido, Bellagamba explica que “es fácil comprar pero no vender, por los controles que se ejercen. Y eso los espanta”.

Como contrapartida, reconoce que más del 60% de quienes destinan su capital al negocio del Real Estate son inversores del agro o de otros rubros, que eligen el ladrillo como la mejor forma de resguardar su dinero.

Mariano Oppel, director de Oppel Inmobiliaria, señala que otro fenómeno que él viene observando es que si bien no hay desembolsos de extranjeros, sí los hay de argentinos que viven en otros lados y vuelcan sus ahorros en el mercado de vivienda local.

Aún así, no equiparan el ímpetu del sector rural que ha vuelto con fuerza a decir presente en el mercado de la compraventa de viviendas.

Los expertos del sector destacan un aspecto relevante. Y es que esta mayor cantidad de interesados en adquirir unidades con “sojadólares” en mano motoriza la demanda y, en consecuencia, el valor del metro cuadrado en la Ciudad encuentra mayor fortaleza para sostener sus valores actuales.


Guillermina Fossati

(c) iProfesional.com

¿Cuáles son los edificios más caros de la Ciudad de Buenos Aires?


¿Cuáles son los edificios más caros de la Ciudad de Buenos Aires?

Ubicación, amenities y calidad son características que diferencian a algunos inmuebles porteños, cuyos precios se determinan por prestigio y reputación, más allá de lo que indique el mercado. El m2 puede llegar hasta los u$s7.000. Conozca los más cotizados y por qué se distinguen del resto

¿Cuáles son los edificios más caros de la Ciudad de Buenos Aires?

Si hay algo que supieron hacer las empresas desarrolladoras que lideran estos proyectos fue generar un posicionamiento de marca tan fuerte como incuestionable desde el momento en que pusieron el primer cimiento, para luego mantenerlo y confirmarlo con la calidad y prestigio de las obras lanzadas.

Esa es la realidad que comparten los 10 edificios de viviendas más caros de la Ciudad, que representan un emblema del mercado Premium y la excelencia.

Según una investigación realizada por iProfesional.com, son propiedades cuyo m2 cotiza entre los u$s4.000 (los menos) y u$s7.000, aunque cada operación realizada es única y los precios se pactan en el momento de cerrar la negociación.

Además, son pocas las unidades disponibles, y los propietarios se suelen mostrar reticentes a desprenderse de los prestigiosos inmuebles, conscientes de que son exclusivos y escasos.

“Hay muchas propiedades pero pocas se destacan. Entre las más caras se distinguen dos tipos: las antiguas clásicas usadas y los nuevas modernas. En ambos casos, la calidad y la ubicación marcan la diferencia”, explicó Tomás Montoreano, director de la inmobiliaria FAM, que opera en zonas como Recoleta y Barrio Parque.

En el mismo sentido Roberto Ledo, director de Bullrich Inmobiliaria, destacó que los detalles de arquitectura más sobresalientes, y los amenities, le ponen un sello propio a cada obra.

¿Cuáles son y dónde están?
Los inmuebles más cotizados se encuentran en diferentes puntos de Palermo, en la parte más tradicional del barrio, y en Puerto Madero. A estas zonas se suman Retiro, con un caso emblemático como es el edificio Kavanagh, y algunas propiedades tradicionales de Recoleta.

Según los expertos, se trata de obras con un diseño único, muy reconocidas y buscadas.

iProfesional.com consultó a distintos expertos del mercado inmobiliario quienes revelaron la lista de los “10 más top”:

El más cotizado es Grand Bourg, el edificio de estilo francés desarrollado por Consultatio, la empresa de Eduardo Costantini.

“Las unidades llegan a cotizarse en u$s7.000, son muy buscadas y hay pocas disponibles“, explicó Dina Crusizio, directora de LJ Ramos Recoleta.

Esta obra es de estilo francés moderno y está ubicada en un lote preferencial en pleno barrio de Palermo Chico. Tiene unidades de 260 m2 a 520 metros cuadrados. En total, la superficie de Grand Bourg es de casi 12.000 m2. Tiene pileta al aire libre, gimnasio y jardines.

La segunda edificación en importancia es la de Le Parc Figueroa Alcorta, una iniciativa de la desarrolladora Raghsa.

La marca, que nació con su primera propuesta en una manzana del barrio de Palermo -entre las calles Oro, Cerviño, Godoy Cruz y Demaría-, fue una de las primeras “megaobras” de la ciudad, con 50 pisos.

El éxito de la misma dio vida al edificio que hoy se encuentra a metros del shopping Paseo Alcorta.

“Le Parc marcó un hito en la historia de las construcciones modernas, dando vida y nivel a Palermo Nuevo, un barrio que ganó reputación con la contrucción”, comentó Ledo.

Otra propuesta que forma parte de los más cotizados de la ciudad, ubicada también en Palermo, es el edificio de Libertador 4444. Así se conoce, por su dirección. Es un inmueble de más años, pero de gran tradición y muy buscado en la Ciudad.

“Son tres torres, dos más chicas y una de mayor tamaño, muy demandadas en la Capital Federal”, comentó el director de Bullrich.

Antes de ingresar al barrio de Puerto Madero, el tradicional edificio Kavanagh también conserva su prestigio y valores, a pesar de los años.

Sin embargo, la emblemática construcción cuenta con precios muy variados, de acuerdo a la ubicación. Así, como explicó Crusicio, se puede pagar u$s6.000 el m2 por el piso 14, que cuenta con más de 650 m2, hasta u$s4.000 por el piso 19, de 182 m2.

Una de las características negativas de esta obra es que no tiene cochera. Aún así, su historia le permite mantenerse como una de las más destacadas de la Ciudad.

Ubicado al 1065 de la calle Florida, frente a la plaza San Martín, en el barrio de Retiro, se inauguró en 1936, siendo el edificio de hormigón armado más alto de América latina, y el primero destinado a viviendas que contó con equipo de aire acondicionado.

Su construcción escalonada dio lugar a terrazas jardín. Posee una forma similar a la proa de un barco, y su orientación apunta al Río de la Plata. Desde 1999 fue declarado Monumento Histórico Nacional.

También como obras “emblemáticas”, Montoreano destacó dos edificios ubicados en la zona conocida como La Isla, que se encuentran en la calle Gelly y Obes, cerca de la Embajada Inglesa.

“Son dos edificios, conocidos como Campomar. Son de calidad excepcional, donde los valores pueden llegar a u$s6.000 el m2”.

Por otro lado destacó dos construcciones ubicadas cerca de la plaza Carlos Pellegrini, enmarcada por la Avenida Alvear, el Jockey Club y la Embajada de Francia.

Se trata del inmueble de Arroyo 1180 y otro en la esquina de Avenida Alvear y Libertad, conocido como edificio de las cadenas. En ambos caso las cotizaciones van de los u$s5.000 a u$s7000 dólares el m2.

Propuestas en Puerto Madero
En los últimos años, las propuestas en la zona nueva de Capital se multiplicaron. Y junto con el crecimiento del barrio también se dio un fuerte repunte en los precios.

En los últimos meses, con la crisis internacional, gran parte de los inversores que apostaron a Puerto Madero, como son los extranjeros, se esfumaron.

Los precios de Puerto Madero siguen firmes, aunque un 30% de los compradores, que eran no residentes, ya no están en el mercado. Igual sigue siendo uno de los barrios más activos y donde se registran más operaciones”, explicó Federico Andreoti, gerente de Tizado Puerto Madero.

En cuanto a las propiedades más cotizadas de la zona, los precios van entre los u$s4.000 y los 5.000 dólares. Algunas de las propuestas destacadas por Andreoti son El Faro, Renoir, Mulieris, Madero Center, Chateau y Le Parc.

Se trata de obras modernas, de gran espacio, con todos los amenities y confort. Cuentan con gimnasio, salones de fiestas, hidromasajes y sala de juegos.

Uno de los más caros es El Faro, conformado por un complejo de dos torres interconectadas entre sí. Fueron los edificios más altos del país al momento de su construcción, pero las superaron las vecinas Torres Mulieris (161, 4 m). Actualmente ese título lo ostenta la Torre Cavia del complejo Le Parc Figueroa Alcorta (172, 8 m).

Cada una de estas propuestas ofrece una diferenciación de la competencia.

  • Renoir, desarrollada por Dypsa, se encuentra en Madero Este, frente a lo que será el futuro Parque de las Mujeres, la Reserva Ecológica y el Río de la Plata. La totalidad de metros cuadrados entre las dos torres es de 70.000 m2.
  • Mulieris, otro de los emprendimientos, fue desarrollado por Creaurban. Son dos torres que se destacan, entre otros detalles, por la incorporación de tecnología. Son 44 pisos con vistas a diferentes partes de la Ciudad.
  • Madero Center, es una obra llamada la gran manzana, con tres edificios: Dique, Trinidad Guevara y Macacha Güemes. Hay duplex de hasta 690 m2, y cuentan con los amenities de un resort 5 estrellas. Tiene como vista los diques y docks del puerto.
  • Chateau Puerto Madero, un edificio de 48 pisos de hasta 400 m2, completa el listado de los destacados de Puerto Madero, desarrollado por la empresa que lleva su nombre. El proyecto contempla 190 unidades residenciales y se emplaza en un área de casi 4.000 m2 de servicios comunes de alta gama. Entre estos se encuentran dos piscinas, cubierta y al aire libre ambas climatizadas, SPA, GYM, salón de belleza y restaurant. Las unidades parten desde 80 m2 a 560 m2. El proyecto cuenta con una superficie cubierta de 63.000 m2.

Otras zonas
Libertador 2424, Mirabiglia en Palermo Hollywood y Torres Aisenson en Belgrano son otras de las construcciones que defienden sus precios en la ciudad de Buenos Aires, con valores que van de los u$s3.000 a los 4.000 dólares.

En algunos casos son unidades chicas, y mantienen su alta cotización.

Por otro lado, la escasez de propuestas en los barrios más requeridos de la Capital, como es Palermo, permiten mantener con firmeza sus valores.

En Puerto Madero también existen otros proyectos de nivel en marcha.

Dos son las Torres del Yatch, complejo de dos edificios de 44 pisos, con departamentos desde 60 m2 hasta 110 m2. Este emprendimiento es desarrollado en conjunto por el Grupo Emepa, Creaurban y Fernandez Prieto & Asociados. Se están invirtiendo cerca de 100 millones de dólares para levantar ambas torres de 140 metros de altura.

Creaurban S.A ha presentado en el Dique 1 el proyecto ArtMaría, una propuesta innovadora desde el diseño con un nivel de confort que se acopla a la sustentabilidad y a la domotización. Sobre un terreno de 20.000 m2 ubicado en el remate del Boulevard Juana Manso, se trata de una iniciativa mixta que combina distintos usos.

Contará con una plaza de locales comerciales, residencias y oficinas. Se apunta a que sea el primer edificio de oficinas sustentables e inteligentes del mercado. Es por ello que los desarrolladores las han catalogado como del tipo cuádruple A.

Una edificación también innovadora es Zencity, ubicado en el Dique uno. Será un complejo de usos mixtos: oficinas, hotel boutique y locales comerciales, que formará un conjunto de tres torres y dos inmuebles escalonados más tres subsuelos de cocheras. Su nombre guarda relación con la filosofía Zen y es justamente lo que distinguirá a esta ciudad.

El emprendimiento que ya estrenó sus primeros pisos es Forum Puerto Madero, un desarrollo de TGLT Real Estate. Ocupa una manzana, con cuatro cuerpos laterales de 10 pisos de altura. Ya se vendieron 170 unidades. Sólo restan entregar 10 Penthouses disponibles en los últimos pisos.

Por su parte, Montoreano destacó el caso particular de las casas de Barrio Parque, por las cuales se pagan desde u$s1.500.000 hasta u$s5.000.000 por unidades de 600 a 800m2. En cada propiedad, el lote, frente y mantenimiento ponen su propio precio.

Expectativas
Los expertos sostienen que este mercado seguirá siendo clave en los próximos meses, ya que son foco de interés de los inversores y consumidores finales.

“Gente del fútbol, del tenis y muchos del mundo del espectáculo invierten en este tipo de propiedades. Son utilizadas, en general, para vivir, y quienes las compran saben que mantienen su valor”, concluyó el director de FAM.

Guillermina Fossati
© iProfesional.com

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